RECORDANDO EL POEMA “A LENIN”, DE BERTOLD BRECHT

Al morir Lenin, un soldado de la guardia, según se cuenta, dijo a sus camaradas: “Yo no quería creerlo”. Fui donde él estaba y le grité al oído: “Ilich, ahí vienen los explotadores”. “No se movió.
Ahora estoy seguro que ha muerto”.

Si un hombre bueno quiere irse,
¿con que se le puede detener?
Dile para qué es útil. Eso lo puede detener.
¿Qué podía detener a Lenin?

El soldado pensó: “Si oye que los explotadores vienen,
puede que aún estando enfermo, se levante”.
Quizás venga con muletas. Quizás haga que lo traigan,
pero se levantará y vendrá para luchar contra los explotadores.

El soldado sabía que Lenin había peleado toda su vida
contra los explotadores.
Cuando terminaron de tomar por asalto el Palacio de Invierno, el soldado quiso regresar a su hogar, porque allí se habían repartido ya las tierras de los propietarios.

Entonces Lenin le dijo: “Quédate.
Todavía hay explotadores. Y mientras haya explotación
hay que luchar contra ella. Mientras tú existas,
tienes que luchar contra ella”.

Los débiles no luchan. Los más fuertes
quizás luchen una hora.
Los que aún son más fuertes, luchan unos años. Pero
los más fuertes de todos, luchan toda su vida:
Éstos son los indispensables.

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