Tumbas abiertas, desde Centroamérica hasta Estados Unidos

Washington (EE.UU.), 16 jun (Minds/EFE).- La frontera entre México y EEUU es la más mortal de América, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM): en ella se registraron 6.951 muertes entre 1998 y 2016.

De acuerdo con los datos del Gobierno estadounidense, unas 3.000 muertes se produjeron en el estado de Arizona, especialmente en el desierto de Sonora, uno de los puntos de cruce más peligrosos junto al río Grande (Texas).

El centro Colibrí, en Tucson (Arizona), ayuda a identificar los restos encontrados en la frontera y ha registrado hasta ahora 2.500 desaparecidos en el cruce. Toma muestras de ADN de los familiares que denuncian desapariciones y los compara con los restos que obtiene el médico forense del Condado de Pima, en el sur de Arizona, donde se halla el desierto de Sonora.

“Es importante porque estás dando a la familia una respuesta que ha estado esperando durante mucho tiempo”, explicó a Efe Reyna Araibi, del Centro Colibrí.

El objetivo es cerrar las heridas y evitar una experiencia de revictimización como la que sufrió la guatemalteca Lisy Santos Mérida, de 32 años.

Su marido puso rumbo a EEUU en 2010 y, un año después, las autoridades guatemaltecas la llamaron para decirle que habían encontrado sus restos.

“Me dijeron que lo habían encontrado y que iban a hacer una cremación, yo en ese momento no me di cuenta, pero luego pensé, ¿cómo van a quemar sus restos sin que yo lo identifique?”, recordó a Efe por teléfono desde Guatemala.

Trató de impedir la cremación, pero no pudo.

“Sostenía esa cajita en la que se supone que estaba mi marido” y, al llegar a su San Marcos natal, calló ante sus hijos y preparó un “entierro digno”, recordó.

En 2016, la OIM contabilizó algo más de 700 migrantes muertos en América en su camino hacia Estados Unidos, de ellos 75 en Centroamérica y 400 en la frontera México-EEUU.

Estas cifras no incluyen los desaparecidos contabilizados por los comités de familiares y cifrados en 450 hondureños, 350 salvadoreños y unos 80 guatemaltecos, según la ONG mexicana Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho (FJEDD).

El fenómeno de desapariciones masivas en México se engloba dentro del actual clima de guerra contra el narcotráfico y, de hecho, en la última década, el Gobierno ha registrado la desaparición de 30.000 personas.

En esa cifra se incluyen los propios migrantes, especialmente vulnerables a las garras del “narco”, según Maureen Meyer, de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos.

“Hemos visto en la última década, en el contexto de la expansión del crimen organizado en México, una criminalidad enfocada en los migrantes por ser un blanco fácil de agarrar, por ser visibles, fáciles de identificar como migrantes y que, en muchos casos, caminan por una ruta predeterminada. Es un problema que ha existido durante mucho tiempo, pero que ahora es más visible”, explicó a Efe Meyer.

La directora de la FJEDD, Ana Lorena

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