Vida en los Bateyes en la República Dominicana

En medio de grandes precariedades se desarrolla la vida en los bateyes dominicanos, en donde viven miles de extrabajadores cañeros provenientes, en su mayoría, de la República de Haití.

A pesar de haber pasado varias décadas en los campos de la caña, laborando en la que durante gran parte del siglo pasado fue la industria más próspera de República Dominicana, la vida de los extrabajadores cañeros ha transcurrido en medio de la más absoluta pobreza.

Estos exbraceros provienen, en su mayoría, del vecino Haití; muchos de ellos llegaron a Santo Domingo siendo apenas niños. Pese a haber trabajado en el dulce negocio del azúcar, casi todos comparten amargas historias.

Además del sudor, muchos de ellos dejaron su salud bajo el candente sol de las plantaciones cañeras. Al duro trabajo también se integraban las mujeres.

Hoy en día, la escasez y la necesidad siguen siendo compañeras constantes de estos exjornaleros, quienes viven en precarias viviendas en los denominados bateyes, donde los servicios básicos son casi inexistentes.

Muy pocos de los extrabajadores cañeros cuentan con un seguro de salud, por lo que literalmente para ellos está prohibido enfermarse.

Haber dejado la vida en los cañaverales no les garantizó tranquilidad para su retiro. Las violaciones de acuerdos y la irresponsabilidad de los Estados dominicano y haitiano les obligaron a emprender una ardua y prolongada batalla para que se le reconociera el derecho a una pensión.

La pensión obtenida mediante dos decretos corresponde a 100.117 pesos mensuales, unos 106 dólares, lo que en la práctica no representó para ellos un gran cambio en su sencillo estilo de vida.

Estos al menos la consiguieron, a otros lamentablemente se les hizo demasiado tarde.

Lo único que tienen y a lo que se aferran los extrabajadores de la caña es a la esperanza de que se les aumente la pensión, los que ya la poseen, y de que se les otorgue a los todavía la esperan.

En medio del sufrimiento que provoca tener apenas lo mínimo para sobrevivir transcurrió y continúa la vida de estos exjornaleros que contribuyeron al desarrollo de la que en su momento fue la industria más rica del país, una industria que los utilizó y luego los desechó como si no fueran seres humanos.

Stephanie Andújar, Santo Domingo.

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